Quizás, nostálgicamente, toda nostalgia sea prematura, pero mirar de pronto los números primeros de lo primero que editamos no deja de ser por completo nostálgico. El primer número de nuestra revista fue un gozo absoluto, una fiesta continua y, sobre todo, la apuesta por una forma de resolver la vida. De entonces, a la fecha, hemos seguidos fieles a lo deseábamos ser, y seguimos deseando ser aquéllos que deseábamos. Quizás, también, esa sea una forma de la felicidad. Nada misteriosa, nada extraordinaria, nada conocida. Hace muchos años escribí: de las formas de la felicidad, la edición es una de las menos conocidas...

