El cambio radical fue, como siempre, de pensamiento. Luego hicimos lo debido. Desde hace muchos años intentamos tener una página web para la editorial, pero no sabíamos cómo hacer, no por falta de conocimientos, pues seguimos careciendo de ellos, a nivel técnico, sino por la idea que teníamos de una página web. Queríamos una página a la manera de las empresas editoriales grandes, pero al ser, más que una empresa editorial, un taller, nunca pasamos de los pocas primeras páginas, pues las otras, las de la editorial en cuanto empresa, no pudimos ni podríamos nunca llenarlas con verdad. Como taller podemos publicar algo casi a diario, pues a diario hacemos algo. Luego, faltaba cambiar la idea. Decía bien Huang Po, los tontos dudan de lo que ven, no de lo que piensan, los sabios dudan de lo que piensan, no de lo que ven. Verdehalago es una editorial pequeña, un taller editorial, donde el editor dobla y alza los pliegos de los libros, alza su tipografía en computadora y los deja listos para que otros los encuadernen más artesanal que industrialmente. Lo demás era, y es, ilusión.

