Curioso el asunto de publicar libros y publicar bitácoras donde damos noticia de los libros que publicamos. Pero así es ahora todo el asunto todo.
Los primeros ocho títulos están listos. La próxima semana podrán comenzar a verse.
Está lista ya la muestra de Lo infraordinario. En los próximos días estarán listas más muestras.
Aprendemos a utilizar Sandvox, y es una maravilla, debo decir. Elegimos un diseño minimalista (así lo llaman) y queda bastante bien, limpio y sin ruido innecesario. Tener en orden la página es simple y no hemos tenido, por ahora, graves problemas.
Desde luego podrá encontrar callejones sin salida y lugares que lo llevan al punto de partida sin orden ni concierto, pues aprendemos a utilizar este nuevo programa y estamos en la sencilla, pero fatigosa, labor de rehacer 18 años de trabajo editorial. Sencilla pues todo lo importante está hecho, es decir, los libros están publicados y hemos de volver a publicar algunos y publicar muchos otros guardados en el olvido o la incertidumbre. Fatigoso porque, pese al sueño de eternidad de los archivos electrónicos, muchos de los programas en los cuales levantamos la tipografía ya no existen, es más, los dos programas que utilizábamos ya no existen, por lo cual debemos recurrir a labores arqueológicas. Desempolvar ciertas viajas computadoras para actualizar de a poco las versiones muy viajas para volver ese libro legible al nuevo programa, y en algunos otros casos, convertir de un programa prehistórico a otro antediluviano, desde el cual convertir de nuevo. Y han pasado menos de 18 años, pues nuestra primera computadora, una veloz e irrefrenable XT Turbo, la habremos adquirido por 1992. Ventura se llamaba el programa de marras. Nuestra primera Mac debimos haberla comprado por el 94 ó 95. Pagemaker utilizábamos. Pagemaker en versión 3 punto algo más. Algunos libros son irrecuperables, como si nunca los hubiéramos publicado. Sólo quedan los negativos, ahora también obsoletos.
Nada tan mudable como lo eterno...

