Selección y versiones de Heriberto Yépez.
72 páginas, 11 x 17 cm, primera edición en 2011
ISBN: 9789689103103
¿Por qué los aforismos de William Blake no son estudiados por los filósofos? Porque no son siquiera estudiados por los literatos. Pero los aforismos de William Blake son una de las puertas secretas del pensamiento moderno. Junto con Granos de polen, de Novalis, es la contribución más relevante de un poeta europeo al pensamiento especulativo moderno. Es el verdadero testamento lúcido del romanticismo. Ante el fracaso del pensamiento occidental, los aforismos y fragmentos de Blake son una de las claves para reestructurar el cuerpo teórico que consideramos como la tradición central de la filosofía. Si queremos cambiar el rumbo del pensar humano, es claro que Descartes, Kant y Hegel no pueden seguir siendo los pivotes de toda reflexión. A quienes están embarcados en el proyecto de una filosofía alternativa, no les cabe duda que Blake será una de las fuentes de eterna juventud, es decir, de eterna maldad, de eterna muerte autoconsciente.
Un verdadero pensador es aquel que mantiene una relación honda con el lenguaje, como Blake la mantuvo de una manera que Descartes, Kant o Hegel jamás lograron. Esa relación especial se llama Profecía. Como el mismo Blake lo afirmó, el don profético no es un estado extraordinario de adivinación infalible, sino una facultad natural del ser, la capacidad de meditación diligente sobre el devenir de las entidades.
Todo individuo es profeta porque no hay nada que no proceda de la imaginación. Según sus escritos, ésta es la fuente de toda realidad. Coleridge también lo afirmaba, pero en Blake tiene una fuerza adicional. La imaginación no sólo es la principal facultad del hombre sino que el hombre entero es pura imaginación. Sólo cuando olvidamos esto es que caemos en la auténtica ilusión, pues lo irreal es ignorar que lo imaginativo es la fuerza de toda realidad.
En los aforismos de Blake se da una combinación comprensible entre lo ético y lo estético. De hecho, consideraba a la Biblia como si fuera esencialmente un código de arte. Wittgenstein (otro aforista estupendo) hubiera cerciorado esta intuición del poeta inglés. Sin embargo, a pesar de su relevancia como doctrina fragmentaria (es decir, moderna) la aforística de Blake es ampliamente desconocida. Acaso muchos de nosotros conocemos solamente los “Proverbios del infierno” incluidos en Las bodas del cielo y el infierno (1790), libro donde profesa su maravilloso antidualismo: “El Hombre no tiene un Cuerpo distinto de su Alma...”. Su aforística comenzaría no sólo con los proverbios sino también con los minitratados parcelarios Todas las religiones son una y No hay ninguna religión natural, ambos probablemente de 1788, en donde Blake ya discutía los asuntos que lo harían célebre: la potencial divinidad del hombre y la humanidad de Dios, las puertas de la percepción y de la infinitud.
Muchas de las oposiciones de Blake son los puntos de llegada que, décadas después, alcanzarían algunas de las filosofías más intrépidas. Escribió: “No puede haber una Buena-Voluntad. La Voluntad es siempre Maldad; es perniciosa para otros, o egoísta”; ello pudo haber sido dicho, palabra por palabra, por Schopenhauer, su contemporáneo. Blake fue, más que Schopenhauer, el profeta que anunció la venida de Nietzsche. No hay clarividencia elemental en esto que no esté en Blake: el mal como manifestación pura de la energía; además, se le adelantó por mucho en anunciar la falsedad de un supuesto “Orden Moral del Mundo”. En fin, muchas de las tesis y aun del estilo profético de Nietzsche se reconocen en Blake. En cambio, a Nietzsche le falta algo para ser como su precursor: el gnosticismo. Blake concibe al cristianismo como una poética de la percepción: “Si la Moralidad fuese el Cristianismo, Sócrates sería el Salvador”. Jesús no es tanto amor como revelación; es amor porque es revelación. El cristianismo de Blake es una forma herética de gnosticismo amoroso: “Un Poeta, un Pintor, un Músico, un Arquitecto: Varón o Mujer que no sea uno de éstos no es un Cristiano” o “Jesús y sus Apóstoles y Discípulos eran todos Artistas”. La esencia estética (productiva) del cristianismo es el alegato substancial del Laocoonte (1820). Tal es el peligro de este escrito: resulta la defensa más intrépida que jamás se haya hecho del judeocristianismo. Son hombres tan excepcionales como Blake quienes transforman el legado. Bajo su perspectiva, incluso la Biblia resulta un documento luminoso. Fue uno de los auténticos visionarios del cristianismo, como san Juan de la Cruz o Martin Luther King [del prólogo de Heriberto Yépez].
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Algunos aforsimos
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El zorro condena a la trampa, no a sí mismo.
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Los júbilos impregnan; las penas procrean.
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Dejad al varón vestir la melena del león, a la mujer, el vellón de la oveja.
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El pájaro, un nido; la araña, una telaraña; el hombre, la amistad.
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El insensato egoísta y sonriente y el insensato de ceño fruncido deben ser considerados sabios, pues quizá sean autoridades.
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Lo que ahora está probado alguna vez fue sólo imaginado.
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La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo, el elefante vigilan la fruta.
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La cisterna contiene; la fuente, rebosa.
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